Cuando el imperio ataca

El 'zar de la muerte' será el próximo director de la
 CIA. Clama el derecho a matar en secreto para
defender los derechos humanos y la vida.

El ‘nobel de paz’ ha nominado al ‘zar de la muerte’ como director de la CIA. Qué ironía.

El 7 de enero Barack Obama postuló a John Brennan para reemplazar a David Petraeus.

Brennan ya había sido nominado para el cargo en 2009, pero tuvo que retirar su nombre al hacerse pública su participación en los programas de capturas, ejecuciones secretas y tortura que la CIA ha venido ejecutando desde el 9/11.

Obama piensa que bastan 4 años para olvidar. Así parece.

Brennan —el actual asesor de la Presidencia en seguridad nacional y contraterrorismo— es uno de los arquitectos del programa de drones (aviones no tripulados) que, según el senador Lindsey Graham, ha causado la muerte de 4.700 personas, “algunas de ellas inocentes”, pero  hay que entender que “están en guerra” y se han deshecho de “algunos de los miembros más importantes de Al Qaeda”. 

Así Al Qaeda sea la organización con más miembros importantes en la historia de la humanidad, 4.700 son demasiados muertos.

Tampoco es claro que los miembros de Al Qaeda merezcan morir sin un juicio.

Philip Alston, el relator especial de la ONU para las ejecuciones arbitrarias y extrajudiciales, ha dicho que los drones se han usado mucho más para cometer asesinatos específicos que como una herramienta de combate. Alston le ha preguntado insistentemente al gobierno estadounidense cómo justifica la decisión de asesinar en lugar de capturar a determinadas personas.

No ha recibido respuesta. 

La paz es la guerra

Según Robert Higgs (ex-secretario de prensa de la Casa Blanca), como el presidente ha luchado contra Al Qaeda, tiene el derecho de asesinar en secreto.

El 30 de septiembre de 2011 la CIA asesinó a Anwar al-Awkali, un estadounidense que se supone fue a Yemen a unirse a las filas de Al Qaeda.

Cuando salió a la luz el programa de asesinatos específicos de Obama, el New York Times citó al presidente diciendo que la decisión de incluir a al-Awkali había sido “una de las fáciles”. Sin embargo Abdulrahman al-Awlaki, su hijo de 16 años, no figuraba en ninguna Lista de asesinatos. Igual murió en un ataque con drones, dos semanas después que su padre.

Cuando le preguntaron a Higgs cómo justificaba la muerte arbitraria de un estadounidense de 16 años, dijo que Abdurahman ha debido elegir un padre más responsable

Aunque el programa para atacar secretamente con aviones no tripulados empezó con Bush, desde que Obama empezó su reinado los ataques con drones se han sextuplicado.

Según Brennan, el programa de drones se ha usado para asesinar líderes terroristas de manera efectiva y la fuerza letal sólo se usa como último recurso para salvar vidas. ¿La muerte de Abdulrahman al-Awlaki habrá salvado alguna vida?

Nada va a impedir que el gobierno use los drones contra sus propios ciudadanos.

Brennan no pudo negarle al senador Rand Paul que existiera la posibilidad de atacar con drones en suelo norteamericano.

La administración Obama ha redefinido a tal punto las condiciones aceptables para el uso de la fuerza bruta que son aplicables a todos. Todos somos miembros potenciales de Al Qaeda y la CIA no se abstiene de castigar la  sospecha

Globalizando la tortura

El 5 de febrero de 2013 el Open Society Justice Initiative publicó el relato más completo sobre los abusos de derechos humanos relacionados con las detenciones secretas y entregas extraordinarias lideradas por la CIA.

El informe documenta 136 casos de tortura perpetrados por la CIA con la complicidad de 54 países, lo que demuestra el poder que tiene EE.UU. en el mundo entero. 

Para Amrit Singh, la autora, “el público tiene derecho a saber quiénes fueron las víctimas, dónde fueron encerrados, cómo fueron tratados y tiene el derecho de ver a su gobierno asumir la responsabilidad por el daño que ha causado en nombre del contraterrorismo”.

Estas personas fueron atrapadas en la calle y llevadas en avión a otros países para ser interrogadas bajo tortura. Fueron humilladas sexualmente, sodomizadas y algunas fueron abandonadas malheridas y desnudas para morir devoradas por los perros. Estuvieron encerradas por años sin acceso a su familia, sin acceso a sus hijos, sin acceso a asesoramiento legal. 

Aunque todavía el gobierno estadounidense no ha dicho una sola palabra, para Singh, John Brennan tiene muchas preguntas por contestar. Y es importante que conteste, para que la gente entienda quién es ese que administra y clama el derecho a matar en secreto.

Tenemos que pedirle rendición de cuentas al gobierno.

Todos tenemos derecho a conocer los crímenes que el equipo de Obama ha estado perpetrando en secreto. Además, la posibilidad de que Brennan dirija el destino de los drones debería asustar al mundo entero. 

¿Qué debemos hacer?

Hemos llegado al punto en el que las instituciones que nos rigen están plagadas de crueldad.

¿Qué dice sobre nosotros que la defensa de la seguridad nacional justifique las atrocidades que estamos presenciando?

¿Cuál es el resultado?

Abundan los mercenarios y algunos de los que han trabajado para la CIA dicen que no hay un sustituto para el “subidón” de enfrentarse a alguien que los quiere matar. Esas son las personas que defienden los asesinatos extrajudiciales como el “único juego” capaz de ganarle la guerra al terror. 

La guerra contra el terrorismo, esa replica atroz en la que la nueva DROGA se llama AL QAEDA, es sólo una variante de la guerra contra la humanidad.

No podemos dejar que sigan gobernando esas personas que le han hecho a sus semejantes tanto daño.

Una forma de impedirlo es decir lo que pensamos y mostrar a los demás los sucesos de los que hemos sido testigos.

La luz es el mejor desinfectante, la mejor defensa y el mejor remedio.

Como sociedad tenemos el deber de abrir los ojos, seguir y controlar lo que se hace en nuestro nombre y para nuestro “beneficio”. Como colombianos tenemos la misión de impedir que se siga consolidando la alianza con un gobierno tan nocivo. Como humanos le debemos a las próximas generaciones la historia y testimonios de los errores que cometimos y dejamos cometer. 

Solamente cuando seamos capaces de enfrentar lo que hemos hecho —cuando enfrentemos el monstruo que hemos creado con nuestra indiferencia; lo que hemos permitido al ignorar; lo que hemos potenciado por callar—, sólo en ese momento veremos que el resultado es desgarrador y que necesitamos desesperadamente un cambio, si no queremos vivir sumidos en el terror que trae la guerra.  

En las manos de todos está lograrlo.

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