Curar con el peor de los venenos

"La primera condición del talante científico es una
crítica que deslinde experiencia y prejuicio,
dato cierto y suposición". A. Escohotado 

Décadas atrás, muy pocas firmas bastaron para criminalizar plantas de uso inmemorial. Los firmantes del Convenio sobre Sustancias Sicotrópicas de 1971, pensando en preservar la salud física y moral de la humanidad, declararon que plantas como la adormidera, la coca y el cáñamo, carecían de usos médicos o legítimos.

Esta declaración impulsó un modelo de negocio basado en la ilegalidad adjudicada a las sustancias hoy ilícitas —el narcotráfico—, que en Colombia ha sido el motor que ha impulsado y atomizado el conflicto armado.

El narcotráfico es, de lejos, la fuente de ingresos principal que tienen todos los grupos armados.

Es la ilegalidad de las drogas, y no el hecho de ser drogas, lo que las vincula con el crimen organizado. Esta ilegalidad se mantiene por la convicción de que las drogas ilicitas son nocivas para el ser humano. Ahora, ¿es esto cierto?

¿Qué significa droga? (*)

Los elementos y compuestos que entran al cuerpo humano, independientemente de la vía, pueden ser asimilados de manera inmediata —como los alimentos—, convirtiéndose en materia para nuevas células, o pueden resistir esta asimilación. En esta última categoría caben dos tipos de sustancias: las que son expulsadas intactas del organismo y no ejercen ningún efecto sobre éste —como el plástico— y las que provocan una reacción intensa. Estas últimas abarcan las drogas (1) en general. Entre los que provocan una reacción intensa, están los compuestos que afectan de manera somática al organismo, como la cortisona o la aspirina, y los compuestos que afectan al individuo tanto somática como sentimentalmente, como la heroína (2).  

Los compuestos que generan reacciones intensas se caracterizan porque pueden lesionar y matar en cantidades relativamente pequeñas y, por eso, los conocemos como veneno. El veneno, como entendieron Hipócrates y Galeno –padres de la medicina científica–, es una sustancia capaz de vencer el cuerpo.

Si una sustancia puede matar, es porque puede generar cambios en el organismo, y cualquier cosa que pueda hacerlo es también un remedio potencial. Por esto es que podemos aliviar enfermedades y dolencias con venenos como la aspirina o el arsénico. 

Paracelso, el médico suizo, escribió en el siglo XVI: “Todas las cosas tienen veneno y no hay nada que no lo tenga. Solamente depende de la dosis, que el veneno sea veneno o no "(3). Por lo tanto, todos los fármacos, drogas o medicamentos son venenosos.

Sin embargo, lo que hace tóxica a una sustancia no es la sustancia en sí, sino dosis relativas de la misma conforme a una medida como el gramo, el mililitro, etc. Por ejemplo, una dosis de Penicilina G benzatínica de 1.200.000 unidades puede salvarle la vida a un adulto pero sería letal para un niño que pese menos de 25 kilos.

La mentira legal

Como es la dosis lo que separa el remedio del veneno, no puede ser verdad que haya drogas peligrosas e inofensivas, estupefacientes y medicamentos. Una droga inocua no sería una droga; dejaría de ser veneno.

No en vano Ezra Pound subrayó que “la técnica de la infamia consiste en inventar dos mentiras y hacer que la gente discuta acaloradamente sobre cuál de ellas es la verdadera”. Es infame pretender que los fármacos se clasifiquen en estupefacientes y medicamentos.

Lo que diferencia los medicamentos de los estupefacientes (las drogas legales de las ilegales) no es el nivel de toxicidad de las sustancias. La diferencia es un juego lingüístico que oculta que son términos que encierran una interpretación moral de los fármacos, aunque aparenten una clasificación científica. Después de todo, droga, fármaco y medicamento no son más que tres formas diferentes de nombrar el veneno.

Entonces, ¿QUÉ TIENEN EN COMÚN LAS DROGAS ILEGALES? Precisamente eso, QUE SON ILEGALES.

ES IMPOSIBLE ENCONTRAR CRITERIOS QUÍMICOS Y FISIOLÓGICOS COMUNES A LAS DROGAS PROHIBIDAS QUE LAS DIFERENCIEN DE LAS QUE HOY SON LEGALES.  Nadie ha podido precisar en términos farmacológicos por qué el alcohol, el tabaco o los barbitúricos son considerados artículos de alimentación o medicamentos y la marihuana y la heroína artículos criminales (4).

Sin embargo, el sistema de Listas inaugurado con la Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes se conserva hoy en día. El cáñamo y su resina quedaron en la Lista I, con el resto de estupefacientes con “propiedades particularmente peligrosas”.

La palabra estupefaciente se convirtió en un concepto ético-legal que lentamente caló en el vocabulario y la mente de la sociedad.

Poco a poco se creó la asociación estupefaciente-no médico-ilegítimo.

En 1971 los estupefacientes quedaron globalmente prohibidos.

La salud ilegal

Desde el punto de vista legal la marihuana y el hachis –las flores y la resina del cáñamo-- son drogas muy peligrosas. Es una interpretación estrictamente moral: a nivel farmacológico los venenos no se pueden clasificar en peligrosos e inofensivos, ni en culpables o inocentes.

Aunque parezca increíble, en 2001 el gobierno de de EE.UU., representado por el Departamento de Servicios de Salud y Humanitarios, el mismo gobierno que niega internacionalmente que el cáñamo tenga usos médicos legítimos, solicitó una patente sobre los cannabinoides, argumentando que necesitaban un mecanismo para investigar “uno de los antioxidantes y neuroprotectores más poderosos de la naturaleza”.

La patente 6630507 de EE.UU. otorgada en 2003 fue solicitada cuando los investigadores descubrieron que los cannabinoides tenían propiedades antioxidantes específicas, útiles en el tratamiento y profilaxis de una gran variedad de enfermedades asociadas a la oxidación como las de la vejez, las inflamatorias y las autoinmunes.

Hoy se sabe que los cannabinoides sirven como neuroprotectores; pueden limitar el daño neuronal que surge de los infartos y los traumas, sirven para tratar enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer y el Parkinson y previenen y tratan la diabetes.

Ya es demasiado extensa la literatura que muestra cómo y por qué la marihuana sirve para prevenir y tratar el cáncer. En este link pueden encontrar los estudios principales.

¿Es sensato calificar de peligrosa una planta que sirve para reducir la presión arterial, las probabilidades de infarto y la incidencia del cáncer en los humanos, a sabiendas de que esta ilusión de peligro sostiene una industria como el narcotráfico?

¿Es siquiera racional transformar una planta en artículo criminal?

¿El verdadero crimen no es acaso privar a la raza humana de toda su bondad?

Además, a pesar de que durante décadas se ha difundido la idea de que los que usan marihuana o hachís son proclives a sufrir problemas psicológicos y deterioro mental, no hay evidencia que respalde esta posición.

El Dr. Alex Dregan del King’s College de Londres, publicó en el American Journal of Epidemiology, los resultados de un experimento que mostró que no es posible ligar consumo de drogas ilegales con daños en las funciones cognitivas. El Dr. Dregan y su equipo evaluaron las funciones cognitivas de 8.992 británicos de 50 años de edad. Los participantes del estudio fueron contactados cuando tenían 42 años y se les preguntó si habían utilizado al menos una de 12 drogas ilegales. Ocho años después, los participantes presentaron pruebas de memoria, atención y diversas habilidades cognitivas. El equipo del Dr. Dregan encontró que los consumidores de drogas obtuvieron los mejores resultados.

No es verdad que las sustancias ilegales carezcan de usos médicos legítimos. La ilegalidad de algunas drogas se mantiene por motivos arbitrarios, que nada tienen de humanitarios o científicos.

Lo humanitario sería eliminar los obstáculos para que el que quiera pueda disfrutar de un antiguo Patrimonio de la Humanidad. Bastaría con que exigiéramos que en la legislación se imponga el juicio al prejuicio, la evidencia sobre la suposición.

No olvidemos que el peor de los venenos, el más peligroso de todos, también nos puede sanar. 


(*) El concepto droga, su definición precisa y los alcances del mismo se pueden estudiar a profundidad en el primer capítulo del Apéndice del libro de Antonio Escohotado, Historia general de las drogas, que se llama Generalidades pp. 1179-1191. El Apéndice se llama Fenomenología de las drogas, Editorial Espasa, Octava Edición, España, 2008.

(1) La palabra griega para droga es Phármakon, un concepto que significa a la vez medicina, remedio y veneno, no lo uno o lo otro sino remedio, medicina y veneno de forma indiscernible. De esta manera, la cura y la amenaza se presentan de forma inseparable, indicando que el beneficio o el perjuicio dependen del uso que se haga del fármaco, no del fármaco en sí mismo. Cfr: ESCOHOTADO, Antonio (1998),  Aprendiendo de las drogas. Usos y abusos, prejuicios y desafios, Editorial Anagrama, Barcelona.

(2)ESCOHOTADO, Antonio (1998),  Aprendiendo de las drogas. Usos y abusos, prejuicios y desafios, Editorial Anagrama, Barcelona. 

(3)HOFMANN, Albert y SCHULTES, Richard Evans (2000), Plantas de los dioses. Origen del uso de los alucinógenos. Fondo de Cultura Económica, Argentina,  p. 10.

(4)ESCOHOTADO, Antonio (1998),  Historia general de las drogas 1, Alianza Editorial, Madrid, pp 137 y 138.

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