El derecho a robar

Los impuestos son un robo legal y un
castigo a los esfuerzos de producción.

No puede existir algo como “justicia en los impuestos”. Los impuestos no son nada más que robo organizado, y el concepto de un  “impuesto justo” es tan absurdo como el de “robo justo”.  —Murray Rothbard—

Una nueva reforma tributaria debuta en el Congreso de la República.

Todas las reformas tributarias se hacen para aumentar los ingresos del Estado.

Cada reforma implica más dinero para los gobernantes y menos dinero para los ciudadanos trabajadores y productivos.

Los impuestos son un robo legal, un castigo a la producción y la forma más efectiva de destruir el desarrollo económico. Con cada incremento tributario se reduce la anhelada “prosperidad para todos”.

Mauricio Cárdenas afirma que la nueva reforma es un mecanismo para aumentar el recaudo del fisco a través de impuestos justos, equitativos y neutrales, que no afectan a la clase media y que no frenan la inversión. Ahora, ¿existe algo como un impuesto justo, equitativo o neutral?

Los impuestos son, como su nombre lo indica, una imposición, una obligación, algo que no es voluntario. Jean Batiste Say identificó y explicó la tributación, hace más de 150 años, como un ataque a la adquisición y producción de propiedad, que lleva a una disminución en la calidad de vida explicada por la reducción en la formación de riqueza que generan estos ataques. Say escribió en su Tratado de Política Económica:

“La tributación es la transferencia de una parte de los productos nacionales de las manos de las personas a las del gobierno, con el propósito de satisfacer el consumo o el gasto público. Cualquiera que sea la denominación que lleve, sea impuesto, derecho, contribución especial, tasa, costumbre, ayuda, subsidio, subvención o regalo gratuito, es prácticamente una carga impuesta a las personas, ya sean naturales o jurídicas, por el poder gobernante del momento, con el propósito de abastecer el consumo que considere apropiado hacer a sus expensas; en definitiva, un impuesto, en el sentido literal”1.

El castigo a la producción

Las personas adquieren activos cuando perciben recursos naturales como escasos y los toman bajo su posesión antes de que otros lo hagan; cuando transforman esos bienes escasos usando sus habilidades, o a través de la adquisición contractual y voluntaria a un productor o dueño anterior. Cada acto de producción está destinado a crear o a transformar un activo en uno de carácter más valioso.

Por lo tanto, cualquier tipo de impuesto implica una reducción en los ingresos que una persona puede ganar a través de la apropiación, la producción o  el intercambio.

Puesto que todas estas actividades requieren tiempo y trabajo —medios escasos que pueden ser utilizados para el ocio o el consumo— todo gravamen incrementa la utilidad marginal del consumo y disminuye la utilidad marginal de la producción, la apropiación y los intercambios.

Esto es un problema muy grave porque es la producción la que determina el nivel de riqueza. La calidad de vida de las personas depende de su habilidad para producir y para utilizar eficientemente los recursos.

El ahorro, la parte de la producción que no se consume, es lo que permite que haya recursos disponibles para invertir. Es la inversión la que hace posible que se desarrollen nuevos proyectos y que se incrementen los niveles de productividad. En otras palabras, son la producción, la eficiencia y el ahorro los que permiten mejorar las condiciones de vida de las personas. Nadie mejora su vida despilfarrando lo que tiene.

Los impuestos son una transferencia coercitiva, no contractual, de activos de los productores a los no productores. Reducen el ingreso presente y futuro de los trabajadores y destruyen su capacidad de ahorro. También reducen los incentivos para la producción futura.

La tributación empuja a la humanidad a una vida “de la mano a la boca”, eliminando los beneficios asociados al ahorro, la inversión, la especialización y el comercio.

La tributación es nada más y nada menos que un robo legal que se esconde como un castigo a los esfuerzos de producción. 

El derecho a castigar

El impuesto a los ingresos equivale a que los gobernantes le digan a los ciudadanos: “Sus ganancias no son exclusivamente suyas, tenemos un derecho a ellas y nuestro derecho es anterior al suyo: dejaremos que conserven algo de lo que ganan porque reconocemos sus necesidades, no su derecho, pero qué proporción les dejamos lo decidimos nosotros… La cantidad de ganancias de las que pueden disponer es determinada por las necesidades del gobierno, y ustedes no pueden decir nada al respecto"2.

Murray Rothbard escribió:

“Todas las personas y grupos sociales (excepto los criminales y ladrones) obtienen sus ingresos de manera voluntaria: ya sea vendiendo bienes y servicios al público consumidor, o por regalos voluntarios. Sólo el Estado obtiene sus ingresos por coerción, a través de amenazantes castigos para los que se nieguen a pagar. Esta coerción se conoce como impuestos, aunque en épocas menos reguladas se conocía como “tributo”. Los impuestos son robo, pura y simplemente, aunque sean un robo a una escala tan grande y colosal que ningún grupo de criminales puede esperar igualar. Son un embargo de la propiedad de los habitantes del Estado… Sería un ejercicio instructivo para el lector escéptico, intentar enmarcar una definición de impuestos que no incluya también el robo. Como el ladrón, el Estado demanda dinero a punta de pistola. Si los contribuyentes se niegan a entregar sus activos éstos son capturados a la fuerza, y si resisten esa depredación serán arrestados o heridos si continúan resistiendo”3.

Precisamente eso es lo que pretende imponer Mauricio Cárdenas con la nueva reforma tributaria.

Según Cárdenas: “Actualmente se requiere una política criminal en materia tributaria, respaldada científicamente, reflexiva y consecuente con los principios constitucionales que tanto limitan como justifican el ejercicio del ius puniendi… La lesión a los intereses financieros del Estado es digna de protección, incluso a través del Derecho penal… La estrecha vinculación entre tributación y derechos o, lo que es igual, entre Hacienda Pública e intereses individuales, avala que sea un interés digno de protección por el Derecho penal”4.

¿Exactamente por qué se requiere una política criminal en materia tributaria? ¿Quién la requiere?

Además, ¿la coerción se puede justificar científicamente?

Tampoco es claro cómo un documento puede limitar el derecho a castigar, el ius puniendi, y justificarlo al mismo tiempo.

¿Una política criminal en materia tributaria es consecuente con los principios constitucionales de Colombia?

El preámbulo de la Constitución de 1991 dice que el pueblo de Colombia, en ejercicio de su poder soberano e invocando la protección de Dios, decreta, sanciona y promulga la Constitución Política de Colombia, cuyo artículo 5 reza: “El Estado reconoce, sin discriminación alguna, la primacía de los derechos inalienables de la persona…”

En primer lugar, si el pueblo de Colombia invoca la protección de Dios, no debe ignorar que el señor Cárdenas está desacatando descaradamente 2 de los 10 mandamientos: No robarás y No codiciarás los bienes ajenos.

En segundo lugar, la vinculación que establece Cárdenas entre Hacienda Pública e intereses individuales se da porque la existencia de la Hacienda Pública anula los intereses individuales y viola irreparablemente “la primacía de los derechos inalienables de la persona”, específicamente la de los contribuyentes que no quieren ser tales.

Adicionalmente, es completamente indefendible que la “lesión a los intereses financieros del Estado sea digna de protección”. Primero, ¿qué son los intereses financieros del Estado? Segundo, ¿por qué son dignos de protección? Tercero, ¿por qué son más importantes los intereses del Estado que los de los ciudadanos? De hecho, ¿quién o qué es el Estado? 

La maquinaria nefasta

Una de las pesadillas actuales es que pareciera incrustada en el ADN de las personas la idea de que los gobiernos existen para remediar los males de la humanidad.

Muy pocos son conscientes de que es precisamente la existencia de los Estados y sus respectivos gobiernos los que crean y perpetúan la existencia de esos males.

Lew Rockwell es uno de los conscientes.

Definió el Estado como “el grupo dentro de la sociedad que clama para sí mismo el derecho exclusivo de gobernarnos a todos bajo un conjunto especial de leyes que le permite hacerle a otros lo que todos los demás tienen, con razón, prohibido hacer, a saber, agredir personas y propiedad”5. Se pregunta: “¿Por qué una sociedad habría de permitir que una pandilla disfrute semejante privilegio legal de manera incuestionable? Acá es donde entra a jugar la ideología. La realidad del Estado es que es una máquina para robar y asesinar. Entonces, ¿por qué tanta gente apoya su expansión? De hecho, ¿por qué toleramos su existencia?”6.

Son preguntas extremadamente importantes, preguntas que cada quien debe contestar honestamente y a consciencia. De eso depende nuestro futuro como sociedad. No podemos olvidar que el gobierno obtiene su poder únicamente del consentimiento de sus gobernados. Sin este consentimiento los que aman dirigir a punta de pistola se quedan sin armas, sin apoyo y sin sustento. Sin este consentimiento se destruye su nefasta maquinaria.

Si queremos construir una sociedad amparada en el trabajo, la paz, la libertad, la justicia, la honestidad y el respeto no podemos seguir permitiendo que nos roben y amenacen con nuestro consentimiento.


1 Say, Jean Baptiste, A Treatise on Political Economy, Nueva York, Augustus M. Kelley, 1964, p. 446.

2 Chodorov, Frank, The Income Tax: Root of All Evil, The Ludwig von Mises Institute, Alabama, 2007, p.11.

3 Rothbard, Murray, “The Nature of the State” en: The Ethics of Liberty.

4 Cárdenas, Mauricio, "Norma penal en materia tributaria" en: Congreso de la República, PROYECTO DE LEY NÚMERO 134, 03 de Octubre de 2014 “POR MEDIO DE LA CUAL SE MODIFICA EL ESTATUTO TRIBUTARIO, LA LEY 1607 DE 2012, SE CREAN MECANISMOS DE LUCHA CONTRA LA EVASIÓN, Y SE DICTAN OTRAS DISPOSICIONES

5 Rockwell, Llewellyn H., "Introduction". En: The Left, The Right, & The State, Ludwig von Mises Institute, Auburn, Alabama, 2008.

6 Ibid.

Referencias:

The Economics of Taxation

Economics and Ethics of Private Property

Lessons for the Young Economist 

Economics in One Lesson  

Suscripción

Suscripción

Si te gusta lo que leiste, suscríbete para recibir los artículos en tu correo.
Adoro la privacidad y nunca revelaré tus datos.
Por favor agrega info@lapapeleta.com a tus contactos, para asegurarte de recibir los correos.
Muchas gracias por suscribirte.

Comentarios

Imagen de José

A pesar de que resulten injustos, los impuestos atienden directamente un problema que actualmente no tiene otro mecanismo para ser resuelto que cociste en la financiación de la administración de los bienes públicos.
Supongo que una alternativa sería un esquema de administración muy bien subdivida y regionalizada en la que por ejemplo los vecinos que rodean una calle serían los encargados del mantenimiento de la misma, aunque no estoy seguro de que algo así resulte deseable para la mayoría de personas...

Imagen de Carolina Contreras

El punto es que no tienen que existir bienes públicos y no tiene por qué existir un Estado. Que sea la única alternativa que se presenta actualmente no significa que sea la única y mucho menos la más deseable. Las personas siempre han encontrado formas de organizarse y de sacar adelente sus proyectos, de ayudar a sus semejantes y de crear comunidades, especialmente cuando no son atacados  constantemente por los administradores públicos.

Además, ¿qué son los bienes públicos? Y no estoy hablando sobre las definiciones que dan los economistas sino de la esencia del concepto. Es más, ¿por qué tendríamos que financiarlos?

Todo lo público viene de la obligación, del robo, de transacciones que no son voluntarias. SI lo piensas un poco te darás cuenta de que todo lo que se hace voluntariamente tiene mejores resultados que lo que se hace por obligación. En cualquier ambito de la vida.

Añadir nuevo comentario

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.