El gran hermano de Orwell: ¿Simple Ficción?

Los objetivos del Ingsoc de Orwell son los de todos los
partidos colectivistas --progresistas, socialistas,
comunistas de izquierda, de derecha-- del mundo.

[La crítica de Rothbard del libro de George Orwell Mil noveceintos ochenta y cuatro (Harcourt, 1949) apareció en Analysis, septiembre de 1949, p. 4] El artículo lo volvió a publicar mises.org el pasado 4 de julio. Pueden encontrarlo en este link.

En años recientes, muchos autores nos han dado su visión del futuro colectivista que viene. En el cambio de siglo, ni Edward Bellamy ni H.G. Wells sospecharon que sus soñadas sociedades colectivistas estaban tan cerca. Como el colectivismo brotó después de la Primera Guerra Mundial, muchos observadores perspicaces sintieron que había una gran diferencia entre los idílicos Edenes representados por Bellamy y Wells y las condiciones actuales de las variadas “oleadas del futuro”.

Destacaron entre estos pronósticos revisados del mundo del futuro Un mundo feliz de Aldous Huxley e Himno de Ayn Rand. Estos dos mundos futuros, malos como eran, tenían gracias salvadoras. El futuro de Huxley estaba muerto espiritualmente, pero por lo menos las masas estaban felices; los dictadores de Ayn Rand eran hombres tímidos y estúpidos que permitieron que un renasciente individualista escapara del estrangulador mundo colectivista y empezara una nueva vida.

La Utopía colectivista de Orwell conectó todas las lagunas. No hay esperanza alguna para el individuo o para la humanidad; y el efecto para el lector es devastador. El futuro de Orwell está dirigido por un Partido cuyo trabajo es el ejercicio total del Poder, que realiza su trabajo con ingenuidad y eficiencia diabólica. El Partido se representa a sí mismo como la concretización de los principios del Ingsoc, o Socialismo Inglés. Estos principios son: obediencia ciega y sin cuestionamientos al Partido, y odio ciego hacia cualquier persona o grupo que el Partido declare su enemigo. Estas emociones son las únicas permitidas a cualquiera; todas las demás, como el amor personal y de familia, son sistemáticamente erradicadas.

Por supuesto, todas las ideas son traicioneras y subversivas— las únicas personas a las que se les permite vivir son las que inconscientemente repiten como loros la Linea del Partido. Cualquier hombre con inclinación al pensamiento independiente es sutilmente animado en su herejía por la Policía del Pensamiento. Luego, cuando ya se ha dado cuenta de la naturaleza del régimen y lo odia profundamente, el Ministerio del Amor se hace cargo y, a través de las formas más horribles de tortura, quema en él cualquier chispa de dignidad humana. Finalmente, el hereje va a su matanza convencido de la bondad de sus perseguidores. Muere amando al Partido y a su mítico líder, el Gran Hermano. Ni siquiera el martirio está permitido en el infierno del futuro.

Para conseguir su propósito de destruir la mente y el corazón humanos, el Partido usa: propaganda constante, induciendo a todos a amar al Gran Hermano y a odiar a sus enemigos; la destrucción de la verdad, alterando continuamente los documentos históricos para que se ajusten a la cambiante Linea del Partido—así la historia es destruida y toda la verdad fluye desde el Partido; la destrucción del lenguaje para que sea imposible pensar pensamientos independientes—confundiendo el significado de las palabras e introduciendo un nuevo lenguaje conformado por sandeces; y la destrucción de la lógica por un proceso conocido como pensardoble definido como la capacidad de mantener en la propia mente dos creencias contradictorias al mismo tiempo.

Un método significativo que el Partido usa para permanecer en el poder es mantener su país siempre en guerra con otro país. Los otros países están gobernados por partidos similares, aunque cada uno tiene un nombre diferente. Por el proceso de pensardoble cada miembro leal del partido cree que su parte conquistará el mundo finalmente, aunque también reconoce que todos los otros partidos tácitamente se meten en guerras que nunca se “calientan” demasiado. Así, cada Partido tiene una excusa para matar de hambre y aterrorizar a sus sujetos en nombre de la necesidad militar, mientras que su gobernante permanece a salvo de cualquier desastre de guerra.

“Yo entiendo cómo”, dice Winston Smith, el hereje patético de Mil novecientos ochenta y cuatro, “pero no entiendo por qué”. ¿Por qué hace todo esto el Partido? Uno de sus líderes le explica: “El Partido busca poder exclusivamente para su propio bien. No estamos interesados en el bien de los otros; solamente estamos interesados en el poder. Nos diferenciamos de las otras oligarquías del pasado en que sabemos lo que estamos haciendo. Todos los otros eran cobardes e hipócritas. Ellos nunca tuvieron el coraje de reconocer sus motivos. Nosotros sabemos que nadie se toma el poder con la intención de renunciar a él. El poder no es un medio; es un fin. El objeto de la persecución es la persecución. El objeto de la tortura es la tortura. El objeto del poder es el poder. ¿Cómo demuestra un hombre su poder sobre el otro? Haciéndolo sufrir. A menos que esté sufriendo, ¿cómo puedes saber que está obedeciendo tu voluntad y no la suya? El poder está en infligir pena y humillación. El poder está en desgarrar las mentes humanas en pedazos y en juntarlas otra vez en nuevas formas de tu elección. En nuestro mundo no habrá otras emociones excepto miedo, rabia, triunfo y auto-humillación—un mundo de miedo y de traición y de tormento. Si quieres una imagen del futuro, imagina una bota pisoteando siempre una cara humana”.

El mundo colectivista futuro de Orwell es sin duda una pesadilla—pero ¿es solamente un sueño?

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