Lega Legalización

La teoría económica predice que la prohibición de
intercambios mutuamente beneficiosos está
condenada al fracaso. 

En el mundo de las drogas ilegales siguen las buenas noticias.

Los resultados de la encuesta publicada por el Centro de Investigaciones Pew de Estados Unidos muestra que, por primera vez en cinco décadas, la mayoría de los estadounidenses apoya la legalización de la marihuana.

El 52% está de acuerdo, el 45% en contra y el 72% opina que el costo de mantener la prohibición es injustificable. En 1969, una encuesta de Gallup mostró que un 12% respaldaba la legalización y el 84% se oponía. Para 2003 se había conseguido el respaldo de un tercio de la población.

Entre 2010 y lo que llevamos de 2013, más del 11% cambió de mentalidad y decidió apoyar el libre mercado de marihuana. En este momento es la idea que apoya la mayoría.

Los más jóvenes respaldan en mayor medida que se legalicen drogas que estaban antaño prohibidas.

Ellos conocen de primera mano uno de los resultados más importantes de la encuesta: que los niveles de consumo son iguales en los estados con leyes restrictivas y en los que se ha legalizado algún uso de la marihuana, resultado que aporta nuevos datos a la ya suficiente evidencia histórica que demuestra que permitir que haya mayor libertad es el mejor antídoto para la violencia (1). 

Seamos honestos. Lo que los colombianos odiamos de las drogas no tiene nada que ver con las sustancias, ni con el uso de las sustancias, sino con los efectos del narcotráfico.

Para muchos es demasiado doloroso vivir en un estado fallido, es paralizante saber que los gobernantes que juran por Dios fidelidad a su bandera están en la nómina de los narcotraficantes y es desgarrador ver a los desplazados.

Para pocos es claro que el desastroso fenómeno del narcotráfico es el resultado de la ilegalidad de las drogas y no al contrario. Trataré de hacerlo claro (2). 

De calidad y barato 

La prohibición es la que crea la violencia que asociamos con el narcotráfico, no las drogas per sé. La prohibición del alcohol no eliminó su consumo; puso el negocio en manos del crimen organizado. Como el tráfico de alcohol era un negocio en el que se movía mucho más dinero que en el de los sicarios o los ladrones de bancos, llamó la atención de los criminales.

La competencia por quedarse con el negocio fue lo que disparó la violencia.

Al Capone enfrentaba el mismo riesgo si vendía una botella de whisky, o un millón, y sus costos eran fijos. Conseguir unos pocos clientes adicionales regulares impulsaba con creces la rentabilidad de su negocio.

Con costos fijos, y un precio de US$100 por gramo, cada cliente marca la diferencia. 

Una réplica de la violencia que azotó a Chicago durante la era de Al Capone, se dio en Colombia durante los 80´s, cuando los muertos de la guerra entre el Cartel de Cali y el Cartel de Medellín inundaron las noticias.

Todos los días vemos y vivimos las consecuencias de las rencillas entre las BACRIM. Sin embargo, hoy sería inconcebible ver que los dueños de Bavaria mataron a los dueños de Budweiser por un ajuste de cuentas o para quedarse con su parte del mercado. 

Sería muy extraño porque los dueños de Bavaria se mueven en círculos respetables, tienen un negocio legítimo y, si pagan sus impuestos a tiempo, es probable que nunca vayan a la cárcel.

Para ellos no vale la pena arriesgar su vida tranquila, su reputación y su empresa, por quedarse con algunos clientes de la competencia. 

En contraste, un líder en el negocio de la cocaína ha cometido suficientes crímenes como para recibir cadena perpetua. Uno o varios muertos más no dañan su reputación, ni aumentan su riesgo de ir a la cárcel. De hecho, resolver sus disputas violentamente le sirve para que otros se abstengan de entrar en el negocio. Esas personas son mucho más proclives a usar la violencia como instrumento de competencia. 

Los altos precios que impone el mercado ilegal también fomentan comportamientos violentos por parte de los consumidores.

Los que tienen problemas de adicción son estigmatizados y rechazados socialmente, lo que reduce sus objeciones de robar o revender drogas para pagar su vicio. He ahí la relación entre narcotráfico y violencia. 

Desde que se levantó la Ley Seca, el negocio del alcohol migró de las manos de los criminales a las de los empresarios.

Exceptuando a los Al Capones del mundo y sus aliados, este cambio mejoró la vida del resto de la sociedad, pacificó la vida civil y redujo sustancialmente las muertes por alcohol adulterado.

En el mundo legal, los empresarios tratan de ganar una mayor participación del mercado mejorando la calidad de sus productos o reduciendo su precio. Las ganancias dependen de su creatividad, de su habilidad para competir.

En el comercio ilegal, se valoran habilidades como la capacidad para transgredir todas las leyes humanas. ¿Es mejor para la sociedad que el liderazgo en un mercado lo ejerza Víctor Carranza, Pablo Escobar o Julio Mario Santo Domingo? La pregunta no es ociosa. 

Basta ya de hipocresía

La pregunta no es si queremos vivir en una sociedad con o sin cocaína, marihuana o heroína, porque ningún gobierno tiene el poder para hacer que estas sustancias desaparezcan de la faz de la Tierra.

La pregunta que importa es si es mejor vivir en una sociedad con o sin penas extremas para el uso de ciertas drogas.

El análisis para contestar esta pregunta debe centrarse en las consecuencias negativas de la prohibición de drogas.

Las consecuencias que se interpretan como positivas son obvias y visibles: como muchos piensan que el consumo de drogas es perjudicial para la salud y que destruye socialmente a las personas, consideran que es bueno que el gobierno implemente políticas que lo desincentiven. Estas personas suelen olvidar que estigmatizar el uso de ciertas drogas trae resultados nada deseables.

Por eso hay que tener en cuenta los daños que resultan de la corrupción gubernamental y policial, la guerra entre pandillas y las muertes por sobredosis, consecuencias que muchos también consideran destructivas a nivel personal y social.

La conexión entre prohibición de drogas y corrupción es que la prohibición genera ganancias descomunales en la industria de las drogas ilegales, otorgando a los narcotraficantes la capacidad de pagar sobornos gigantes a los oficiales del gobierno.

Los narcotraficantes reciben pagos exorbitantes por sus productos, debido a que, para operar, enfrentan riesgos como la cárcel y enfrentamientos con otras pandillas.

Entre mayor es el riesgo, mayor es la ganancia. Por mucho que los políticos se hayan esforzado, ninguno ha conseguido suspender las leyes del mercado. 

Es la naturaleza criminal de los delitos de drogas la razón por la que tantos policías participan del negocio.

Los crímenes de drogas son crímenes sin víctima.

Es fácil que los sobornados acepten hacerse los de la vista gorda cuando se comercian drogas, productos que todos los compradores quieren comprar. Aunque no es imposible, sí es mucho más difícil encontrar jueces o policías dispuestos a dejarse sobornar para tapar casos de violaciones u homicidios, delitos en los que la víctima es diferente al victimario. 

Son los gobernantes y policías corruptos los que más se benefician de la prohibición de drogas. No se arriesgan, no se esfuerzan, no trabajan, pero sí reciben cumplidamente su excesivo pago.

No es casualidad que tantos políticos y policías se opongan a que liberemos este mercado prohibido.

Es muy peligroso permitir que se siga exacerbando la corrupción que rige a tantos representantes de los gobiernos del mundo, especialmente el colombiano.

La corrupción del gobierno tiene efectos desastrosos porque, además de forjar la impunidad de los criminales, rompe el respeto tradicional a la ley y aumenta las probabilidades de que los ciudadanos cometan crímenes.

Si no hay respeto por la ley, no hay ninguna razón real para seguir sus mandatos.

Los castigos no disuaden al mismo nivel que las convicciones. 

Y saco un papelillo…

Volviendo a los números, el 52% de los estadounidenses quiere legalizar completamente la marihuana. Es una noticia brutal para todos porque fue precisamente Estados Unidos el que lideró e impuso el prohibicionismo en el mundo entero.

Como llevamos más de un siglo de prohibición, se ha olvidado en los anales del tiempo que fue Anthony Comstock –un político reformista, racista, xenófobo y radicalmente puritano, que se jactaba de haber logrado que se suicidaran numerosos infieles y de tener en la cárcel a más de 5.000 personas por escritos e imágenes obscenas—, el que puso en marcha la cruzada prohibicionista.

Sus esfuerzos encontraron eco en las órdenes secretas de mediados del siglo XIX como los Caballeros del Círculo Dorado, los Hijos de la Libertad, los Caballeros de la Camelia Blanca y el Ku-Klux-Klan o “Imperio Invisible del Sur”; grupos que se caracterizaban por oponerse enfáticamente a la igualdad de derechos, por despreciar a las minorías –latinos, chinos, irlandeses, negros–, por promover actitudes de evangelismo reformista y por pretender lograr una “América limpia de ebriedad, juego y fornicación” (3). 

La consolidación legal de la prohibición de drogas es una historia de racismo, desprecio y puritanismo. No, desde ningún punto de vista, de comprobados hechos científicos. 

Es cierto que todavía hay personas que se identifican con los principios del Ku Klux Klan. Tenemos a nuestro propio Torquemada criollo como ejemplo. Pero estoy segura de que hay muchos que queremos un gobierno que no se rija por los designios de los corruptos, de los intolerantes o de los credos religiosos.

Yo quiero vivir en una sociedad en la que la gente pueda ser como es, que pueda sacar un papelillo y fumarse un cigarrillo si le place, que pueda enamorarse libremente y que pueda encontrar por sí misma quién es, sin temor a que los demás se sientan agredidos con sus elecciones.

Es muy importante que analicemos las consecuencias de mantener leyes que ayudan a los criminales, fomentan la violencia y perjudican a la gente decente. En nuestras manos está el revertir los errores de nuestros padres y abuelos. ¡El momento de hacerlo es AHORA!


*El título del artículo y los subtítulos son fragmentos de la canción de Ska-P, Cannabis.

(1)Cfr: DAVENPORT-HINES, Richard (2003), La búsqueda del olvido: historia global de las drogas, 1500-2000, Fondo de cultura económica, México; ESCOHOTADO, Antonio (1998), Historia de las drogas, Alianza Editorial, Madrid; ESCOHOTADO, Antonio (2003), Historia elemental de las drogas, Editorial Anagrama, España y SZASZ, Thomas (1990), Drogas y ritual. La persecución ritual de drogas, adictos e inductores, Fondo de cultura económica, Madrid.

(2) El análisis económico que voy a presentar en este artículo es de Robert Murphy y aparece como parte de la Lección 20 de su libro Lessons for the Young Economists. Ese capítulo se llama The Economics of Drug Prohibition y tiene un resumén muy completo de lo que la teoría económica puede aportar al análisis de la prohibición de drogas.

(3) ESCOHOTADO (2003), Op Cit, Capítulo XI: La reacción antiliberal. 

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