La batalla por la mente humana

"La única forma de lidiar con un mundo sin libertad es
llegar a ser tan absolutamente libre que tu propia existen-
cia sea un acto de rebelión". -Albert Camus-
"Atesoren su mente y usenla bien". -Andrew Wakefield.

Este mundo está lejos de convertirse en un lugar humano.

Digo humano pensando en pasión, consciencia, coraje, autenticidad, creación, triunfo, amor y revolución.

Son atributos que podemos tener todas las personas.

Digo podemos en lugar de tenemos, porque entenderlos, honrarlos y aprender a darles forma implica que cada quien debe descubrir su propio valor y atesorarlo por encima de cualquier cosa. 

Desafortunadamente, este proceso de descubrimiento no se da en todos los casos.

Pero algunos sentirán que su sangre responde porque también han descubierto que humano significa el poder de transformar lo imposible en lo visible.

Ellos saben que el alcance de nuestras capacidades es infinito. Absolutamente ilimitado.

Saber que cada quién tiene el potencial que es capaz de imaginar duele al mirar la realidad que compartimos. Porque esa realidad es una inmensa mentira, una vil y absurda mentira, que se sostiene en la convicción de tantos hombres de que ellos saben todo lo que tienen que saber, que lo que ven es lo que es y que no hay nada que buscar. 

Trágicamente, se han convencido de que no hay nada más allá y han quedado atrapados en la comodidad de una rutina.

Pero vivir es un acto lleno de sorpresas.

Cuando pensaba que nada de la comunidad alopática podía sorprenderme ya, llegué a la investigación que más lagrimas me ha costado. 

Sin que pudiera anticiparlo, las vacunas volvieron a mi vida.

Lo que he descubierto es aterradorMonstruoso a un nivel titánico.

Se perpetra día a día para el beneficio de un grupo siniestro, gracias a la complicidad y ayuda de la reconocida “comunidad médica científica”, los supremos líderes de esta tragicomedia que Szasz lucidamente llamó "La era de la Farmacracía”.

Indiscutiblemente son cientos los científicos e investigadores capaces y honestos; guerreros valientes que luchan por encontrar la verdad, exponerla y compartirla. Pero también se cuentan por cientos los artífices y ejecutores de este fraude criminal que nos agrede feroz y despiadadamente a todos.

Y los que no se atreven a mirar, los que alegando vocación e independencia intelectual se niegan a analizar la apabullante evidencia, no son más que unos traidores.

Se han dejado seducir por las promesas de dinero e influencia con las que se recompensa la sumisa lealtad al cartel farmacéutico.

Han sellado un maquiavélico pacto que los mantiene obligados, no a pensar, sino a seguir; no a entender, sino a opinar, no a buscar, sino a evadir; no a aprender, sino a alabar.

Pero no existe un sustituto para la dignidad personal.

Y aunque otros les aplaudan sus “reconocidos méritos”, ellos saben que viven pasivos, derrotados, prisioneros de su propia cobardía.

Lo que rodea el tema de las vacunas es tremendamente complejo y extremadamente cruel. Para llegar a comprenderlo hay que abordarlo desde numerosos ángulos y analizar sus cuantiosos matices.

Es lo que pienso hacer porque es un asunto trascendental. De lo que ustedes descubran y estén dispuestos a admitir depende el futuro de la Humanidad.

Por eso, aunque hasta ahora sólo he ofrecido algunos indicios, diminutos en comparación con lo que queda por decir, exponer y explicar, prefiero poner las cartas sobre la mesa y presentar las facciones de la contienda.

La disputa será entre la enfermedad y la salud, entre el embuste y la virtud y entre la libertad y la esclavitud. 
En su fuero interno, cada cual deberá elegir su bando.

Esta es MI batalla. 
Es la batalla por lo que podemos ser. 
Por todo lo que es posible.

TODO ES POSIBLE.
Todo.

Esa es la verdad. 
Es MI realidad.
El secreto es que no hay que soñar en grande.
YO SUEÑO EN INFINITO.

Los invito al infinito.

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