Ultrasonido ULTRAPELIGROSO

Todas las embarazadas esperan con ansias el momento de ver a su bebé
por primera vez. ¿Cuál es el precio de hacerlo antes de tiempo?
¿Cuánto pagamos por la imagen?

Entender los misterios del ultrasonido es esencial para el bienestar del individuo y de la humanidad.

Empecemos por el origen.

La tecnología para las ecografías se desarrolló a partir de la tecnología para detectar submarinos. Específicamente, la tecnología para los exámenes de diagnóstico por ultrasonido se desarrolló a partir de un tipo de “eco-imagen”, originalmente desarrollada como SÓNAR(*).

Hoy la palabra “ultrasonido” se refiere generalmente al ultrasonido de diagnóstico, una tecnología acústica para ver imágenes del feto en tiempo real, su posición dentro de la madre y los órganos reproductivos de la madre.

En el campo médico se ha usado el ultrasonido por décadas para generar “eco-imágenes” del feto. Por eso se llaman ecografías.

Sin embargo, el ultrasonido es una forma muy inusual de sonido. Los seres humanos normalmente oímos los sonidos en el rango de 20 a 20.000 ciclos por segundo (hertz). La frecuencia del ultrasonido para la exploración fetal está en el rango de 3 a 9 millones de ciclos por segundo, por encima de las frecuencias electromagnéticas de la banda de radio AM.

La frecuencia del sonido que impacta al bebé puede ser hasta 150.000 veces superior al rango en el que oímos los humanos.

Hasta cierto punto, los ultrasonidos han suplantado los rayos X.

Hoy es de conocimiento público que los rayos X son peligrosos, entre otras cosas porque son cancerígenos. Pero eso no significa que no haya tomado décadas que este conocimiento llegase a ser de dominio público. Aunque se sabía que los rayos X eran muy peligrosos, la profesión médica los defendió continuamente como inofensivos.

Masivamente se ha declarado que el ultrasonido de diagnóstico es “inofensivo” para el feto (**), a pesar de que algunas madres describen (a través de foros en línea como The Thinking Mom’s Revolution) sangrado y dolor vaginal después de las sesiones. Otras madres describen cada detalle sobre los daños que los ultrasonidos, los medicamentos y/o las vacunas le generaron a su hijo.

Hoy se le aplica ultrasonido a la mayor parte de la población mundial durante su etapa fetal. Las implicaciones para la salud física y psicológica del individuo y de la sociedad son tremendas.

Parece que el ultrasonido ha puesto a la humanidad en un camino trágico, dados los efectos sutiles y no tan sutiles que tiene.. Los críticos argumentan que el aumento exponencial en la incidencia de los daños neurológicos es una consecuencia de la exposición fetal a las ecografías. Si ellos están en lo cierto, vamos a necesitar muchas generaciones para recuperarnos.

Se sabe que el ultrasonido tiene el potencial de producir efectos biológicos nocivos en el feto. Es lo que han encontrado estudios hechos con animales y células.

De acuerdo con Cibull et al (2013):

“Aunque los estudios de laboratorio han demostrado que los niveles de ultrasonido utilizado para las ecografías pueden producir efectos físicos en los tejidos, no hay estudios humanos que evidencien una relación causal entre la exposición al ultrasonido durante el embarazo y efectos biológicos adversos para el feto”.

Se supone que estos riesgos no se han confirmado en estudios humanos. Y no se han confirmado, entre otras cosas, porque la financiación para estudiar el ultrasonido prácticamente desapareció desde finales de los 80, a pesar de que la FDA incrementó los límites de la intensidad del ultrasonido en 1991.

Los científicos occidentales no lo saben pero los peligros de las ecografías se confirmaron en China desde finales de los años 80. Eso fue lo que descubrió el gran investigador Jim West. Allí se estudiaron miles de mujeres que querían abortar. Embarazadas, esas mujeres se hicieron ultrasonidos de diagnóstico cuidadosamente controlados y, posteriormente, se analizaron los fetos abortados con técnicas avanzadas de laboratorio.

A partir de estos estudios en humanos, el profesor Ruo Feng, de la Universidad de Nanjing, publicó directrices en 2000:

“Las imágenes comerciales o educativas de ultrasonido fetal deben ser estrictamente eliminadas. El ultrasonido para identificar el sexo y para obtener imágenes de entretenimiento fetal debe ser estrictamente eliminado. Para tener el mejor embarazo, evite el ultrasonido”.

Como escribió West:

“Feng es muy claro. También es gentil. Podría haber escrito sin rodeos: “Para un embarazo de menor calidad, use ultrasonido”. Podría haber escrito “feto” o “niño” en lugar de “embarazo”.

Jim West y su nueva bibliografía

Gracias a la extraordinaria investigación que hizo Jim West, ahora está disponible una bibliografía sin precedente de estudios sobre el ultrasonido hechos en China. Esta bibliografía está publicada como un libro con comentarios, gráficos ilustrativos y tablas. Se trata de una presentación arcana; Jim West presenta estudios científicos de importancia vital pero desconocidos. El título es “50 estudios humanos indican que el ultrasonido prenatal es un riesgo extremo: una nueva bibliografía” (“50 Human Studies Indicate Extreme Risk for Prenatal Ultrasound: A New Bibliography”).

Esta es la bibliografía y los comentarios más importantes que se han compilado para la crítica del ultrasonido. Por razones legales, sus conclusiones y aplicaciones deben suspenderse y esperar a que los revise una autoridad fiable (signifique lo que signifique).

El libro de Jim West presenta los estudios humanos realizados en la China moderna que examinan los efectos en el feto de las ecografías intrauterinas. Estos estudios superan ampliamente a la ciencia occidental en términos de sofisticación técnica, relevancia para la época, volumen de trabajo y número de sujetos estudiados. Estos estudios contienen la evidencia empírica sobre los riesgos del ultrasonido.

En dichos estudios hay aproximadamente 100 científicos involucrados que examinaron más de 2.700 pares materno-fetales. Las mujeres embarazadas fueron cuidadosamente seleccionadas y posteriormente se expusieron a sesiones controladas de ultrasonido. La materia abortada se examinó a través de tecnologías de vanguardia como microscopios de electrones, citometría de flujo y diversos análisis bioquímicos (inmunológicos e histológicos). Los resultados se compararon con los resultados del grupo de control: mujeres embarazadas que se expusieron a ultrasonidos simulados (en los que nunca se prendieron las máquinas, por lo que la intensidad era cero).

Los científicos chinos midieron los daños en el cerebro, los riñones, la córnea, las vellosidades coriónicas y el sistema inmunológico. También examinaron la cantidad de exposición al ultrasonido necesaria para dañar el feto humano y encontraron que esa cantidad era muy pequeña. Con estos estudios, los riesgos del ultrasonido para los fetos se confirmaron de manera incuestionable.

Los científicos occidentales ya habían encontrado riesgos muy serios en los estudios hechos con animales y células. Sin embargo, sus hallazgos se consideraron inconclusos porque no se confirmaron con estudios hechos en humanos.

Los estudios en humanos pueden ser de dos tipos: 1) estudios epidemiológicos, como revisiones de población y 2) estudios de exposición intrauterina, donde la materia abortada se evalúa en un laboratorio después de realizarle ecografías al feto mientras está en la madre.

Los científicos occidentales han realizado sólo unos cuantos estudios epidemiológicos y prácticamente no hay estudios de exposición humana. Los estudios epidemiológicos son complejos, tienen muchas variables estadísticas y, por lo tanto, son altamente vulnerables a interpretaciones sesgadas. Pese a que encuentran patrones de daño por ultrasonido, los autores suelen decir que sus resultados son discutibles o estadísticamente insignificantes.

Debido a la ética sobre el aborto, los estudios intrauterinos quedaron virtualmente prohibidos en el mundo occidental. Dentro de la población mundial, la industria médica no ha reportado un sólo caso de daño humano. Alegando que no hay evidencia que los contradiga, las autoridades continúan suponiendo que los humanos son resistentes a la toxicidad por ultrasonido.

Los Estudios Chinos representan 23 años de investigación crítica (1988 a 2011). Desafortunadamente, estos estudios han permanecido desconectados del mundo occidental, víctimas de las brechas culturales y lingüísticas. También se desconocen porque no benefician a la industria.

Por lo general, estos estudios no están disponibles en los motores de búsqueda globales o en las bases de datos médicas. Sin embargo, están disponibles a través de enlaces internos dentro de las bases de datos chinas.

El camino al ultrasonido

Jim West comenzó su investigación en 2013 motivado por la frustración. Ya había entendido que era imposible tener una discusión sobre los riesgos del ultrasonido, inclusive con sus amigos más cercanos. Siempre aportaba documentación elocuente, pero era en vano. Se topaba con bloqueos muy profundos, bloqueos que surgían aparentemente del miedo al proceso de nacimiento y de la creencia que el ultrasonido proporciona seguridad.

Como la gente necesita oír a las autoridades hablar de evidencia, Jim buscó una declaración sencilla de evidencia empírica que no pudiera negarse.

Después de varios meses de investigar intensamente el ámbito científico occidental, West descubrió que había muy pocos estudios humanos.

Aunque encontró cientos de estudios en animales y células, sabía que estaban mal diseñados y que eran inconclusos. Encontró estudios críticos excelentes que fueron contradichos por estudios que declaraban seguro el ultrasonido. También encontró estudios sólidos y pertinentes en animales que, aunque no habían podido refutarse, habían sido ignorados o rechazados arbitrariamente. 

West cambió de enfoque. Pensó que un estudio ideal actual sobre ultrasonido utilizaría un tipo muy sensible de cromatografía —llamada “electroforesis”— para detectar el daño celular causado por la exposición a ultrasonidos.

Este nuevo enfoque lo condujo a un estudio chino (JZhang 2002) en el que, tras estudiar la materia abortada con técnicas de electroforesis, se demostró que el ultrasonido causa fragmentación del ADN.

¿A que no adivinan cuál es la definición actual del cáncer? Si señores, el cáncer se define como FRAGMENTACIÓN del ADN.

Volviendo a West, el estudio de JZhang lo introdujo a una serie de estudios sobre el efecto del ultrasonido en humanos, ubicados en bases de datos chinas como CNKI. Así empezó la compilación de la nueva bibliografía.

Muchos de estos estudios fueron revisados por el profesor Ruo Feng, del Instituto Acústico de la Universidad de Nanjing. Él determinó las pautas de uso del ultrasonido a partir de sus revisiones y estipuló qué:

  • Las ecografías rutinarias deben evitarse.
  • Sólo en caso de indicaciones médicas excepcionales debe permitirse el ultrasonido y en intensidades mínimas.
  • Las sesiones deben ser muy breves, no más de 3 minutos, 5 minutos como máximo.
  • Se deben evitar múltiples sesiones porque los riesgos son acumulativos.
  • Los estudios muestran que los órganos sensibles se dañan con exposiciones de 1 minuto.


Hoy, la industria médica vocifera que el ultrasonido es "inofensivo", mientras aboga por ecografías rutinarias para mujeres embarazadas. No es raro que las sesiones de ultrasonido utilicen intensidades y duraciones muy por encima de las utilizadas en los estudios chinos.

Las investigaciones de Jim West lo han llevado a desarrollar un modelo de causalidad del ultrasonido, que incluye el concepto de sinergia tóxica. El ultrasonido hace que el feto sea mucho más vulnerable a exposiciones tóxicas futuras, lo que quiere decir que un bebé al que se le hicieron ecografías prenatales será mucho más débil y tendrá muchas más probabilidades de enfermarse.

En el único estudio que se ha hecho en EE.UU. comparando la salud de los niños vacunados con la de los que no están vacunados, los investigadores encontraron que los hijos de las mujeres que se hicieron más de 3 ultrasonidos durante el embarazo, tuvieron 320% más riesgo de tener trastornos del desarrollo neurológico que los de las que no se hicieron ecografías. Los hijos de las mujeres que se hicieron entre 1 y 3 ultrasonidos tenían un 170% más de riesgo.

Estos resultados confirman que los bebés expuestos al ultrasonido son mucho más vulnerables y que los riesgos del ultrasonido son acumulativos.

Estoy segura de que estos resultados no sorprendieron a Jim West. Él ya sabía que está ampliamente demostrado que el ultrasonido es un sinergista muy eficaz, lo que quiere decir que las ecografías prenatales no sólo representan un inmenso e inadmisible riesgo en sí mismas sino que multiplican los riesgos de las vacunas, los fármacos para el nacimiento, los antibióticos y los demás factores ambientales estresantes a los que se enfrentan todos los niños de este planeta.

El libro de Jim West es altamente revolucionario y muy revelador. Se consigue en amazon.com y sólo cuesta US$3.99. Es una lectura vital para los que quieren se padres y para todas las que están embarazadas. Todos deberíamos tenerlo. Cualquiera puede comprarlo.


(*) El SÓNAR analiza las características de las ondas del casco submarino y mide electrónicamente el eco y la duración necesaria para que se reflejen los ultrasonidos del casco submarino en la fuente del ultrasonido.

(**) Ver: “Fetal Ultrasound”, John Hopkins Medicine Health Library.

REFERENCIAS:

https://jonrappoport.wordpress.com/2015/05/17/the-great-jim-west-does-it-again-the-dangers-of-ultrasound/

http://harvoa.org/chs/pr

http://harvoa.org/ (El portal de Jim West)

Sarah L. Cibull, BS, Gerald R. Harris, PhD, and Diane M. Nell, PhD. “Trends in Diagnostic Ultrasound Acoustic Output From Data Reported to the US Food and Drug Administration for Device Indications That Include Fetal Applications.” J Ultrasound Med 32 (2013): 1921–32.

(JZhang 2002): Long Dwell-Time Exposure of Human Chorionic Villi to Transvaginal Ultrasound in the First Trimester of Pregnancy Induces Activation of Caspase-3 and Cytochrome C Release
JiaYin Zhang, FuZhen Zhou, YiLi Song, WeiWen Ying, and Ying Zhang
Biology of Reproduction Aug 2002 : Vol. 67, Issue 2, pg(s) 580-583 doi: 10.1095/biolreprod67.2.580

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