El consenso científico

El truco de los grandes fraudes que
tienen en cadenas a la Humanidad se
erige en el concepto de consenso científico.

El viernes estuve en un evento sobre drogas en la Universidad Santo Tomás. Ví dos presentaciones.

La de mi amigo Camilo Carlos García, que me hizo feliz por dos razones. Primero, porque definió con ingenio y agudeza al Estado Terapéutico (la alianza entre el gobierno y la medicina) y, ante un público aterrado, aseguró que estaría dispuesto a usar el nombre Guerra a las Drogas (y no a las plantas) el día que viera al gerente de Bayer en la cárcel. Segundo, por la cara de los asistentes, médicos y burócratas en su mayoría. Miraban con ojos desorbitados.

Pero antes de esos momentos de júbilo, vi la presentación de un psiquiatra. Empezó hablando sobre los diferentes tipos de evidencia científica que existe y, en medio de su discurso, habló sobre las enfermedades psiquiátricas, ese maravilloso campo de la pseudociencia que existe gracias al consenso científico.

Para las enfermedades psiquiátricas no existe ni un sólo examen objetivo para su diagnostico. Ni uno. Ni. Uno.

No existen exámenes de sangre, ni de orina, ni de saliva, ni de pelo, ni genéticos, ni radiografías, ni de nada, que sirvan como respaldo de las conjeturas que los psiquiatras hacen en sus comunidades y consultorios.

Díganlo en voz alta: no existe un sólo examen objetivo que apoye los diagnósticos y tratamientos psiquiatrícos.

Los diagnósticos psiquiátricos no son más que etiquetas acordadas, conjuros de palabras que enuncian estados de la consciencia, trampas que los grandes charlatanes usan para engatusar a inocentes víctimas desorientadas.

Como en este caso, el truco de los grandes fraudes que tienen en cadenas a la Humanidad se erige en el concepto de consenso científico.

Examinemos lo que significa ese concepto. Para hacerlo, es suficiente con mostrar la lucidez con la que Michael Crichton expuso los peligros de unirse al consenso científico.

Crichton dijo:

“Quiero hacer una pausa acá y hablar sobre esta noción de consenso, y del asenso de lo que se ha llamado ciencia consensuada. Yo considero la ciencia consensuada como un desarrollo extremadamente peligroso que debe detenerse inmediatamente. Históricamente, invocar el consenso ha sido el primer refugio de los sinvergüenzas; es una forma de evitar el debate clamando que la cuestión ya está resuelta. Cuando oigas que el consenso de científicos está de acuerdo con algo, busca tu billetera porque te están robando.

Seamos claros: el trabajo de la ciencia no tiene nada que ver con el consenso. El consenso es el negocio de la política. La ciencia, por el contrario, requiere solamente que un investigador esté en lo cierto, lo que significa que el o ella tiene resultados que son verificables con referencia al mundo real. En la ciencia, el consenso es irrelevante. Lo que es relevante son los resultados reproducibles. Los grandes científicos de la historia son grandes precisamente porque rompieron con el consenso.

No existe algo como el consenso científico. Si es un consenso, no es ciencia. Si es ciencia, no es un consenso. Punto.

…Finalmente, quiero pedirles que noten en qué casos se invoca la noción de consenso. El consenso se invoca únicamente en situaciones en las que la ciencia no es lo suficientemente sólida. Nadie dice que el consenso científico está de acuerdo en que E = mc². Nadie dice que el consenso científico es que el sol está a 93 millas de distancia. A nadie se le ocurriría hablar de esa forma".

Recapitulando: el consenso pertenece al ámbito político, no al científico. No existe algo como consenso científico. Si hay consenso, no es ciencia. Si es ciencia, no necesita consensos. La ciencia tiene que ver con resultados replicables, no con acuerdos, ni mayorías, ni popularidad.

Recuerden: los grandes científicos son grandes precisamente porque rompieron con el consenso y se lanzaron a probar sus propias ideas y teorías, por disparatadas y absurdas que les parecieran a los demás.

El consenso se invoca únicamente cuando la ciencia no es lo suficientemente sólida, cuando la evidencia no es lo suficientemente sólida.

El consenso científico, como argumento probatorio, es totalmente ridículo. Sin embargo, es el único argumento esgrimido por los defensores de asuntos tan relevantes como los diagnósticos psiquiátricos, la obligatoriedad de las vacunas y la guerra contra la naturaleza (conocida como guerra a las drogas).

 

Carolina Contreras

Carolina es escritora e investigadora, economista e historiadora. Escribe colecciones de literatura para www.ellibrototal.com y tiene Lapapeleta.com, un blog para espíritus independientes. Lapapeleta.com es su forma de borrar los límites y de ofrecerle a los demás sus ganas desaforadas de explorar, encontrar, saber y arder con la verdad.

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